domingo 18 de mayo de 2008

Horizonte










Si buscas lo desconocido y crees haberlo encontrado,
lo has perdido. A los buscadores de lo desconocido
sólo nos queda la belleza de la búsqueda en sí misma.

© Xoán Xulio Alfaya
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viernes 16 de mayo de 2008

Preguntas en blanco y negro










¿Por qué el niño, con aprendido disimulo,
deja caer su bocadillo al suelo?
¿Qué mares ha sobrevolado la gaviota
que, más inteligente, se lanza sobre él?
¿Por qué las ratas huyen de sí mismas
como mojados fantasmas
que del asco nos dejan sin aliento?
¿Por qué los humanos abandonan a sus perros
y éstos nunca a aquéllos? ¿Quién es más humano,
el perro sin dueño o el dueño sin el perro?
¿Por qué el ejecutivo vive perpetuamente encadenado
a su maletín de cuero?
¿Qué misterios ocultan las mujeres en sus bolsos?
¿Qué fue del cocodrilo sin su piel?
¿Por qué los escaparates nos ven siempre vacíos?
¿De qué silencio huyen los motores?
¿Con quién habla la gente que habla sola?
¿Qué mentira se oculta en cada anuncio?
¿Quién inventó las direcciones prohibidas,
las metas obligadas, los callejones sin salida,
las calles sin entrada, los socavones hambrientos,
los ascensores sin conciencia de subida o de bajada
o las urnas en las que nuestra libertad
cada cuatro años queda hipotecada?
¿Dónde se encuentra la puerta de salida
para los extraviados en los laberintos del deseo?
¿Por qué los humanos, no siendo abejas,
vivimos en colmenas? ¿Fabricamos miel o hiel?
¿Quién escucha el grito de los niños abortados
que no verán nunca la sonrisa de su madre?

¿Por qué las olas no se cansan de acariciar las playas?
¿Por qué los ángeles jamás nos abandonan?
¿Por qué nos despiertan sonrisas los delfines?
¿Por qué hay gente que llora en los conciertos?
¿Por qué mi corazón no deja de latir mientras escribo?
¿Por qué los ríos desembocan en el mar y no en el cielo?
¿Por qué emigran las aves? ¿Quién las guía?
¿Por qué el eco repite nuestros gritos?
¿Juega, quizás, a ser humano?
Y si no juega, ¿entonces a qué juega?
¿Por qué canta el cisne antes de morir? ¿Qué presiente?
¿Dónde se oculta el corazón del Universo?
¿De qué manantial brota este amor nuestro?

© Xoán Xulio Alfaya
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miércoles 14 de mayo de 2008

La flecha confiada










¿Conoce la flecha su destino?
Lo sabe el arquero que la lanza.
Yo le confío mi vida al arquero
que me escoge porque me ama.
Él es diestro en el oficio
de lanzar la flecha confiada
hasta el centro de mí mismo,
allí donde arquero y flecha
se encuentran y se abrazan.

© Xoán Xulio Alfaya
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lunes 12 de mayo de 2008

Sin que tú te dieras cuenta









A Julia

Mientras nuestras palabras
celebraban nuestro encuentro,
sin que tú te dieras cuenta
te fui robando cosas,
misterios, milagros,
tesoros de mujer
que contemplaba a hurtadillas,
pues soy tímido, o discreto.

Te robé tus manos, tan bellas y seguras,
tu sonrisa blanca y luminosa,
tus ojos negros y profundos,
tu voz tan del Sur, guardándose las eses,
tan suaves, tal vez por no gastarlas,
el aura de magia que te envuelve
y me contagia de nostalgia
de tanta vida no vivida que echo en falta.

Cuánta belleza se cruza en mi camino,
cuánta flor hermosa que no arranco,
que dejo atrás creciendo en libertad
sin yo entrometerme en su proceso
pues algo dentro me dice que no debo.

No poseer es una forma de dejar
que lo bello me posea
y que los recuerdos,
como olas de memoria,
lo devuelvan a mi playa.

© Xoán Xulio Alfaya
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sábado 10 de mayo de 2008

Las rosas










Las rosas, durando tan poco,
¿dónde está su eternidad?
¿En su fragancia?
¿En su belleza?
¿En el suave tacto de sus pétalos?
¿En lo fugaz de su existencia?
¿O en la huella que queda en el recuerdo?

© Xoán Xulio Alfaya
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viernes 9 de mayo de 2008

Sendero de silencio










No puedo resistir la tentación
de orientar siempre mis pasos
hacia lo desconocido.
Así que decidí internarme en aquel bosque
entre curioso y precavido
como el niño de los cuentos.
La levedad de mis pisadas en la hierba
resonaba blandamente en mis oídos.
Un mirlo buscaba su alimento por el suelo.
Ni yo acortaba el paso ni él alzaba el vuelo.
La amistad requiere tiempo.
Así que nos cruzamos con respeto,
como debe ser,
yendo cada uno a lo nuestro.
Temblaban las hojas de los árboles
estremecidas por la última brisa de la tarde.
De pronto, descubrí el secreto:
no existía el sendero,
se iba creando ante mis pasos,
a veces recto,
otras haciendo recovecos.
Lo que estaba recorriendo
no era un camino de tierra
ni de hierbas pisoteadas
por hombres y ganado,
sino un sendero de silencio.
Nunca diré a dónde me condujo.
Es un secreto entre el mirlo
y el explorador de sueños y misterios.

© Xoán Xulio Alfaya
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miércoles 7 de mayo de 2008

Clase de baile en la playa










Deja que la música te posea,
que ella te baile a ti, no tú a ella,
que recorra tu cuerpo y tus secretos
sin que éstos le opongan resistencia,
que el ritmo se adueñe de tus pies
y se aloje feliz en tus arterias.

Descalza por la playa, entrégale a la arena
todo lo que hace de tu alma una caverna:
tu ansiedad, tu insomnio, tus miedos
y esa mirada triste que te aniebla.

Dale tus brazos a la brisa
y ella te dará alas que te eleven por encima
de la tierra y los esclavos que la pueblan.

Coge el tiempo entre tus manos
y échalo a nadar entre las olas
para que en blanca espuma se convierta.

Olvida tu pasado y tu futuro,
dale un descanso a tus ideas.
Que el ritmo de la vida
ocupe el vacío que en ti dejan.

Que nada nuble tu inocencia
ni apague la luz de tu sonrisa.
¿No ves?
Nuestras miradas también danzan.
Déjalas.

© Xoán Xulio Alfaya
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martes 6 de mayo de 2008

Cuervos negros








Bandadas de cuervos negros
se lanzan en una espiral
de garras, graznidos y aleteos
sobre quienes no pensamos como ellos.
Vuelven sus dogmas a oscurecer
este paisaje tan nuestro,
tan inocente, tan tierno.
Como la Santa Inquisición,
nos condenan a la hoguera o al destierro.
Ellos son la hoz que siega nuestros sueños,
el martillo que lamina el pensamiento.
Son los nuevos clérigos ya viejos
que se han adueñado de las llaves del reino
y que predican un extraño evangelio
que divide en dos al pueblo.
Que se queden ellos con su cielo
y se reúnan en manada
en algún campo vallado
para que los vean los niños del colegio
con sus ojos de asombro y desconcierto.
Su cielo es nuestro infierno.

© Xoán Xulio Alfaya

NOTA: Algunos han interpretado este poema en un sentido anticlerical, por ello quiero aclarar que por los "cuervos negros" no me refiero al clero católico, sino a los artífices de la Inquisición Lingüística que limita la libertad de idioma de quienes, siendo gallegos, tenemos el español por lengua materna.
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lunes 5 de mayo de 2008

Panem et circenses













“iam pridem, ex quo suffragia nulli uendimus, effudit curas; nam qui dabat olim imperium, fasces, legiones, omnia, nunc se continet atque duas tantum res anxius optat, panem et circenses”.

Décimo Junio Juvenal, Sátiras 10.81


Los hombres ensimismados,
apoyados con un codo en la barra,
pegados como lapas al cubata,
o viceversa,
ven en una gran pantalla plana
a unos hombres en calzoncillos
de piernas poderosas,
disputándose fieramente
un objeto esférico y ligero.

Las mujeres golpean cartoncitos
con dibujos de reyes, espadas y monedas
sobre un tapete verde
y a mí me suena así como a pisadas de caballo.
También se hacen señales con los ojos y los dedos.

Nadie habla con nadie.
Total, ¿para qué? si en esta vida
no hay nada de que hablar
si no se es persona más que a medias.

¿Pensarán?

La sala de lectura la ocupa otra pantalla
que se utiliza para ver
a otros hombres en calzoncillos
también de piernas poderosas,
disputándose fieramente
otro objeto esférico y ligero.

Sólo yo me atrevo a leer un libro.

Trato de concentrarme
en medio de gritos y ruidos.
Debo estar un poco ido.
¿Me habré equivocado de planeta?
Seguro que hubo algún fallo en el envío.

© Xoán Xulio Alfaya
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viernes 2 de mayo de 2008

Vivo sin vivir en ti











“Así que volvió a emprender la marcha, él, que no podía detenerse ni reposar en lugar alguno, que nunca hallaba reposo ni refugio”. (Marie von Thurn und Taxis).

Vivo sin vivir en ti
y tan digna vida espero
que me voy como extranjero
lejos de donde nací.

Vivo ya fuera de ti
soñando vida mejor
y aunque me embarga el dolor
algo me llama a partir.

Esta maldita prisión
de la bruma en la que vivo
no me convierte en cautivo
pues libre es mi corazón.

Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que otro consuelo no quiero
que una patria de acogida.

Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
llevándome donde quiero
sin mi espera hacer más larga.

Si para ganarte, perderte
no me queda más remedio,
que el partir venga ligero
que este dolor es mi muerte.

© Xoán Xulio Alfaya

NOTA: Con el permiso de Santa Teresa de Ávila.
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